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Entre la brecha y el puente: ciudadanía digital en contextos rurales

A menudo se habla de las tecnologías digitales como sinónimo de progreso, acceso y modernización. Sin embargo, esta asociación automática oculta una realidad más compleja: las herramientas digitales no son neutras. Pueden convertirse tanto en un puente como en una barrera. Cuando su uso y funcionamiento se desconocen, lejos de reducir desigualdades, pueden profundizar brechas sociales, territoriales y de participación que ya existen.


Esta tensión es uno de los puntos de partida del

proyecto Comunidades Conectadas, que se implementa en las localidades de Chancón, Pichidegua y San Fernando, con foco en el desarrollo de herramientas y habilidades digitales en líderes y lideresas comunitarias.

En muchos territorios, especialmente rurales, la digitalización avanza más rápido que las capacidades reales de las personas para apropiarse de ella. Trámites públicos, postulaciones a beneficios, canales de información institucional y espacios de coordinación comunitaria migran progresivamente a plataformas digitales. Quienes no manejan estas herramientas quedan en una situación de desventaja estructural: dependen de terceros, ven restringida su autonomía y se debilita su capacidad de incidencia. Así, la brecha digital no se expresa solo en el acceso a dispositivos o conectividad, sino también —y sobre todo— en el conocimiento, la confianza y el sentido de control sobre lo digital.


Frente a este escenario, el aprendizaje digital adquiere una dimensión profundamente ciudadana. Conocer cómo usar herramientas de comunicación, organización y gestión de información permite a las personas tomar decisiones informadas, coordinar acciones colectivas y sostener vínculos más allá de la presencialidad. En contextos donde el transporte público es limitado y los desplazamientos implican tiempo y costos significativos, como ocurre en muchas zonas rurales, las plataformas digitales pueden transformarse en un soporte clave para la organización comunitaria. Bien utilizadas, permiten convocar, informar, planificar y fortalecer los lazos colectivos sin que la distancia territorial sea un obstáculo permanente.

Desde Observa Ciudadanía entendemos la formación digital como parte inseparable de la formación ciudadana. No se trata únicamente de enseñar a “usar” aplicaciones, sino de fortalecer capacidades críticas para desenvolverse en un entorno cada vez más mediado por tecnologías. Esto implica comprender para qué sirven las herramientas, cuáles son sus límites, qué riesgos existen y cómo ponerlas al servicio de objetivos comunitarios concretos. En particular, trabajar con líderes y lideresas comunitarias tiene un efecto multiplicador: son quienes articulan redes, sostienen organizaciones y cumplen un rol central en la circulación de información y la acción colectiva en sus territorios.


En este marco, el pasado 21 de noviembre se realizó el hito de inicio del proyecto en FOSIS Rancagua, instancia que marcó formalmente el comienzo de Comunidades Conectadas. Este encuentro permitió no solo presentar los objetivos del proyecto, sino

también desarrollar una actividad de codiseño del ciclo formativo junto a las usuarias y los usuarios, líderes y lideresas de las distintas localidades. A través de este ejercicio participativo, se levantaron necesidades reales, expectativas y desafíos concretos, asegurando que el proceso formativo responda a las condiciones y trayectorias de cada comunidad.


Comunidades Conectadas apuesta, así, por una apropiación significativa de lo digital. En un contexto de desigualdades persistentes, el desafío no es solo conectar territorios, sino fortalecer a las personas para que esa conexión amplíe sus posibilidades de organización, participación y ejercicio activo de ciudadanía. Solo de este modo las tecnologías digitales pueden dejar de ser un factor de exclusión y convertirse en una herramienta para superar brechas preexistentes.

 
 
 

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